BITÁCORA

Quiero ver con esos ojos

Recuerdo cuando era pequeño, que llegaba mi cumpleaños y yo estaba contento por lo que me podrían regalar. Soñaba con juguetes todo el tiempo y la ropa me desilusionaba un poco. Creo que desde hace años, la inocencia de el niño se materializo, pero no voy a echar culpas.

Bueno en fin, hace unos pocos días me llama mi mejor amigo invitándome al cumpleaños de su hermano. Facu es joven-niño-adulto, todo al mismo tiempo. No se decirle bien cuantos años cumplió, la realidad es que la cantidad es solo para las estadísticas. Facu tiene retraso madurativo y nunca va a dejar de ser un niño, por mas años que cumpla. Es inteligente cuando quiere, sistemático, de pocas palabras (Aunque de muchas no sabemos que quiere decir) es sincero, si quiere saludarte lo hace y sino, agacha la cabeza o te da la espalda. Se pone ansioso cuando encienden las velas o cuando le entregan los regalos, mientras que en voz baja dice “ropa no, ropa no” Frase que no sabemos si salio de el o fue impuesta por sus hermanos en función de una broma. La cuestión es que yo, no sabia que regalarle. Habia estado pensando toda la semana previa al día tan especial y no se me caía una sola idea, pero algo tenia que llevar. Fui al kiosco cerca de casa y llene un bolsa con golosinas; caramelos, chocolates, etc… De todo metí en esa bolsa, que luego pedí que me envolvieran para regalo. Cuando estaba de camino a la casa de mi amigo, iba pensando cada vez mas fuerte que mi idea de regalo era la peor que se había ocurrido en años. Me estaba arrepintiendo hasta de ir a la fiesta, pero ya me había comprometido.

La fiesta fue tomando forma en cuanto iba llegando la gente. Entre risas, comida, bebidas y bromas, se iba pasando el rato. Entonces, paso algo totalmente incomprensible, al menos para mi. Mientra que le iban entregando los regalos a Facu, iban desfilando juguetes, remeras, pantalones… pero el les retaba interés, como si no descubriese valor alguno en cada uno de ellos. Ahí fue que me quería golpear la cabeza contra la pared “chocolates, que buena idea. Estúpido” pensaba, al ver que no le prestaba la mínima atención a regalos mucho mejores. Llego mi paquete a sus manos, hasta el envoltorio era horrendo. Facu rompe el papel y descubre lo que hay dentro. Se le dibuja una sonrisa gigante, comienza a saltar de alegría y en un acto totalmente egoísta, salio corriendo a su habitación para esconder el regalo. Yo no había entendido su reacción hasta que, según me dijeron sus hermanas, fue el mejor regalo que había recibo ese día, cuando a vista de todos, era obvio que no lo era. Habia entre sus cosas, juguetes y ropa costosa que dejo de lado por una bolsa de golosinas.

Ese momento me dejo una reflexión ¿Cuando fue que cambiamos esa visión de la vida? Dejamos de ver con esa inocencia que el mundo transformo en materialismo puro.

Gracias Facu, me devolviste algo que creí perdido. Me enseñaste algo hermoso…

“La vida es una horrenda bolsa llena de chocolates riquísimos”

 

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4 comentarios sobre “Quiero ver con esos ojos

  1. No hace falta gran cosa para ser feliz. A veces nos ofuscamos con regalos costosos o porque están de moda, pero nuestro niño interior sabe realmente qué es lo importante. El problema es que a medida que maduramos el niño desaparece, hasta solo quedar un amasijo de hierros frío.

    Aunque, si te digo la verdad, yo sigo siendo muy crío en según qué cosas. Ver el mundo con asombro, ese sí que es un don.

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