HISTORIAS CORTAS

Solo los muertos ya no sufren…

(Golpea la puerta y pasa)

Alicia: (Entusiasmada) Nena, volviste. Que alegría verte.

Lucia: (Entra con una bandeja en la mano) Tranquila, no se entusiasme tanto

Alicia: Hace mucho que no te veía. Siempre tan hermosa vos eh

Lucia: Mire que ya la conozco, no quiera comprarme con halagos que con Ud. Estoy enojada

Alicia: Ya te fueron con el cuento seguro

Lucia: ¿A Ud. Le parece andar haciendo berrinches como una nena chiquita?

Alicia: No me retes vos también…

Lucia: Si la reto, porque parece que hay que estarle encima para que se tome las pastillas.

Alicia: Es que vos no entendés, no me hacen bien.

Lucia: No sea caprichosa. Mire, le propongo un trato. Si se toma la pastilla sin chistar, la gelatina es toda suya (Le acerca la bandeja con una pastilla, un vaso con agua y la gelatina)

Alicia: ¿Una sola pastilla?

Lucia: Hoy la libero del resto pero la tiene que tomar (Le sonríe cómplice) Solo por hoy eh…

Alicia: (La mira antes de tomarse la pastilla) No es de caprichosa ¿Sabes?

Lucia: ¿Ah no?

Alicia: Es que esto no me sirve de nada. Soy consciente de que todo va a seguir igual

Lucia: Bueno pero la pastilla no es para cambiarle la vida, es para ayudarla a descansar un rato

Alicia: Es que eso no me ayuda si cuando despierto me siento peor aún… (Hace una pausa, amaga a tomarse la pastilla y dice) ¿Nunca te conté como termine acá?

Lucia: Presiento que quiere distraerme para no tomarse la pastilla

Alicia: Que mal habla eso de mi

Lucia: Pésimo…

Alicia: Pero es que si me tomo la pastilla ahora, me voy a quedar dormida antes de contarte el final…

Lucia: ¿Ah es de las historias largas? Bueno, entonces mientras me la cuenta la gelatina me la como yo… (Tono de broma)

Alicia: No me pelees, no seas mala… No te aproveches de mi estado…

Lucia: (Se sonríe) Me aprovecho porque soy su enfermera favorita

Alicia: Si, que no viene muy seguido a visitarme

Lucia: Ah viene de reclamo la cosa. Sabe muy bien que solo cubro algunas ausencias.

Alicia: Y es una pena, este lugar necesita mejor personal.

Lucia: Además tengo que cuidar de mi familia también

Alicia: Es cierto ¿Cómo está tu padre, fuiste a visitarlo?

Lucia: Causalmente ayer fui y le lleve las flores que tanto le gustan. No sé si lo hace feliz, en su estado es difícil decirlo.

Alicia: Estoy segura de que sí. Sé que no estoy en las mismas condiciones que el pero al menos te tiene a vos. Yo ya no tengo a nadie.

Lucia: Bueno a ver… basta de quejarse. Sino se va a tomar la pastilla cuénteme la historia entonces

Alicia: Este encierro es mi Karma.

Lucia: ¿Para tanto?

Alicia: ¿Conoces el edificio que está enfrente?

Lucia: Claro, todo el mundo lo conoce

Alicia: Mi marido fue quien lo construyo. Como veras no fui nada tonta al elegir, aunque fue todo un riesgo eh. Cualquiera puede elegir un diamante que brille pero cuando yo lo conocí, trabajaba en una panadería para poder pagarse los estudios.

Lucia: ¿Cómo se conocieron?

Alicia: Por ese tiempo yo trabajaba de mesera en un bar frente a la facultad a la que él iba. Desde el primer momento que lo vi quede impactada. Se notaba a la distancia que era un buen hombre, humilde pero siempre muy bien arreglado (Hace una pausa para poder sentarse en la cama con ayuda de Lucia. Abre el cajón de la mesa de luz y saca un álbum de fotos) Mira, este era el. Un galán para la época.

Lucia: (Lucia se queda en silencio observando la foto) Un tipo muy fachero.

Alicia: Esa foto es de mucho antes que se convirtiera en quien fue. Igual, a pesar que me deslumbro en un primer momento, no se la hice fácil eh. Sin modestias te diré que yo era una joven hermosa.

Lucia: Aun lo es. Aunque no tan joven pero si muy hermosa…

Alicia: (Se sonríe) Que insolente te volviste…

Lucia: Es broma… ¿Y entonces… como la conquisto?

Alicia: Tuvo que insistir muchísimo. Yo tenía mejores pretendientes, aunque a decir verdad, ninguno lograba generarme ningún tipo de interés. Era difícil de convencer aunque aquel él no tenía que decir o hacer demasiado, ya te dije, con solo verlo me derrumbe. De todas formas iba a hacer que le costara la conquista…

Lucia: Claro, hay que hacerse valer. Si no les cuesta se aburren rápido.

Alicia: Si, además en esa época…

Lucia: Si ya se, eran más conservadores que ahora. Lo escucho siempre a eso.

Alicia: Para nada querida. La promiscuidad existió siempre, no sé porque todos piensan que fue un invento del siglo XX. Lo que pasa es que antes se hacía a escondidas para que no te señalen. Pero muy pocas llegaban virgen al matrimonio

Lucia: Si bueno pero ahora muy pocas llegan virgen a la comunión

Alicia: (Se ríe) Me haces reír, exagerada… Bueno en fin. Paso mucho tiempo buscándome. Yo jamás le decía que sí, preferia que se fuera pensando en un tal vez. Pero de repente un día no volvió más por el bar. Entonces comencé a preocuparme, había pasado mucho tiempo sin verlo. Hable con uno de sus compañeros y me convenció de hacer una locura… me aparecí en una de sus clases a los gritos frente a todos sus compañeros, lo mire y le dije que si no me invitaba a salir, iba a correr el rumor de que era homosexual por toda la facultad.

Lucía: (Se ríe) ¿Y Ud. Me dice que no está acá por loca?

Alicia: No estaba loca. Estaba enamorada.

Lucia: Pero ¿Y el que hizo? Yo hubiese muerto de vergüenza.

Alicia: En ese momento me odio. Creo que si no había tantos testigos, me habría matado.

Lucia: Pero ¿la invito a salir?

Alicia: Desde ese día nos volvimos inseparables. Al año nos casamos… tuvimos que hacerlo porque yo había quedado embarazada. Recuerdo lo simple que había sido todo, no teníamos dinero para nada lujoso. Luego, como en todo matrimonio, las cosas fueron cambiando mucho sin poder evitarlo. El tiempo se encargó de robarnos las cosas buenas. Las ambición y la codicia lo fueron transformando, había dejado de ser el hombre simple y honrado que conocí una vez. Hasta llego a convertirse en un tipo misterioso. Jamás avisaba si llegaría tarde a casa, a veces ni si quiera volvía. La última vez que lo vi, discutimos muy fuerte. Tenía que hacer un viaje de negocios y no me dejo ir con él. Es que estaba cansada de extrañarlo, el no entendía que yo ya no necesitaba tanto lujo alrededor, solo quería su compañía. Le dije tantas cosas horribles y crueles antes que partiera. Pero el arrepentimiento me duro poco, porque la mañana siguiente, la policía vino a informarnos que sufrió un accidente en la ruta. Traía a una niña del brazo con él. Una niña que había perdido a su única familia aquel.

Lucia: ¿Una niña?

Alicia: Hija que tuvo con otra mujer

LUCIA: ¿Y por qué se le llevaron a Ud.?

Alicia: Resulta que aquel viaje no era de negocios. La madre viajaba con mi marido a Brasil al momento del accidente en el que ambos murieron.

LUCIA: ¿Y qué paso después?

ALICIA: Y después enloquecí. De dolor, de bronca, de odio. No sabría definir bien que fue pero no podía dejar de pensar que esa pequeña niña venía por todo lo que era mío. Estaba furiosa, celosa, llena de ira. En ese momento de desesperación, cargue a la niña en el auto y la lleve a dar un paseo. Tome una ruta vacía; sin rumbo. Era de noche y llovía como nunca, recuerdo. Te juro, mientras iba manejando mil veces pensé en pegar la vuelta, en que lo que hacía estaba mal, en no sé… buscar otra solución. Pero mi bronca era tan grande que me hacia seguir. Veía en sus ojos la mirada de mi marido y no podía contener la bronca, se me llenaba el corazón de odio y rechazo. Después de varios kilómetros de viaje, ya cansada de manejar, frene el auto y baje a observar el paisaje. El lugar era perfecto, estábamos en medio de la nada, solo había viento y campo… (Hace una pausa angustiada)

Lucia: ¿Y la mato?

Alicia: No. Hice algo peor. La deje ahí, como a una bolsa de basura. No me hace sentir mejor decirlo pero no habría podido matarla. Solo me subí al auto y la deje ahí. Acelere lo más que pude porque no solo quería huir, además necesitaba dejar de escucharla gritar y llorar. Ni si quiera eso me detuvo (Hace una pausa y toma aire) Ahora entendés que las pastillas de nada sirven. No dejo de sufrir todos los días por aquella pequeña que abandone como a un perro del que no podía, ni quería, hacerme cargo. Por mucho que me aleje de ella aquel día, aun la sigo escuchando gritar y llorar cada vez que despierto.

LUCIA: Que historia tan triste… Me afecta mucho verla sufrir así y no poder ayudarla. Aunque me gusta pensar que estar arrepentida es lo que tanto te duele y al menos eso es bueno. Sé que no lo ves de esa forma pero es justamente lo que hoy te convierte en una mejor persona.

Alicia: ¿Cómo puedo convencerme de que soy una mejor persona después de lo que hice? Si al menos tuviese la oportunidad de hablar con ella.

Lucia: ¿Nunca más la volvió a ver?

ALICIA: Lo intente. Muchos años después quise reparar lo que había hecho pero jamás la encontré. De todas formas no sé qué hubiese pasado al encontrarla ¿Cómo se puede reparar el mal que le hice?

Lucia: Lo siento, pero no se puede. La idea de reparar algo jamás funciona. Porque tu arrepentimiento es tan real como tus acciones.

Alicia: No hay nada que me haga sentir mejor. A veces solo siento que morir es mi único alivio.

LUCIA: No diga eso… Morir no es una opción. Dígame ¿Cuántas personas conocen esta historia?

Alicia: Vos y yo…

Lucia: Entonces no entiendo porque esta acá…

ALICIA: Por intentar suicidarme. Como te dije, es lo único que pararía este dolor. Hace mucho perdí la esperanza de vivir y con el tiempo me fui aislando de todo hasta quedar completamente sola.

Lucia: ¿Y su hijo?

Alicia: Marcos…

Lucia: ¿Jamás viene a visitarla?

Alicia: ¿Por qué crees que no viene a visitarme? Para el, es como si estuviera conectada a una máquina, esperando impaciente el momento. El no pudo heredar todo, mis cuentas quedaron congeladas. Mi hijo me desea muerta.

(ALICIA, DESBORDA EN LLANTO.)

LUCIA: Tranquila Alicia. No se ponga así, debe calmarse.

ALICIA: Ya no tengo paz querida. Todo murió aquel día. Y yo sé que acá no pueden ayudarme. Solo los muertos ya no sufren.

(ALICIA, VUELVE A LLEVARSE LA PASTILLA A LA BOCA)

LUCIA: Espere. No se la tome si no quiere, esa pastilla tampoco va a ayudarla hoy.

(ALICIA, DEJA LA PASTILLA EN EL PLATO Y SE LA DEVUELVE)

ALICIA: Gracias (Le sonríe)

LUCIA: Ahora la voy a dejar, tengo que volver al trabajo. Si quiere, mas tarde vuelvo.

(TOMA BANDEJA NUEVAMENTE Y SE DIRIGUE A LA PUERTA)

ALICIA: ¿Te puedo hacer una pregunta?

LUCIA: Si, dígame

ALICIA: ¿Qué harías en mi lugar?

LUCIA: No lo sé. No sabría ponerme en su lugar. Pero tal vez querría lo mismo que Ud.

ALICIA: ¿Redención?

LUCIA: No… morir.

SALE DE LA HABITACIÓN, TOMA DEL BOLSILLO SU CELULAR Y LLAMA.

Marcos: ¿Lo hiciste?

Lucia: No

Marcos: Lo sabía, te arrepentiste

Lucia: Siempre es tarde para eso ¿no?

Marcos: ¿A qué estás jugando?

Lucia: Algo me hizo cambiar de opinión.

Marcos: Te dio lastima ¿no?

Lucia: Me acuerdo una vez, cuando era chica. Íbamos con un amigo de mi madre por la ruta cuando nos cruzamos con un perro moribundo en la banquina. Había sido aplastado por otro auto. Recuerdo la pena que me dio verlo, tenía casi todo el cuerpo reventado. El pobre animal estaba agonizando, su vida ya no tenía arreglo, no había mucho que se podía hacer por él. Solo se podía ayudarlo para que deje de sufrir. Entonces, el amigo de mi madre, sin que nosotras pudiéramos verlo, sacrifico al perro para que no sufra más.

Marcos: No entiendo, para qué carajo me contás esta historia de mierda.

Lucia: Quiero que viva

Marcos: ¿Qué?… ¿Ya te olvidaste lo que te hizo?

Lucia: No, lo recuerdo muy bien

Marcos: Sos una idiota. Esa ni si quiera te reconoce ¿Entendés? No sos nada para ella, estúpida… Te olvido en cuanto te dejo atrás aquel día.

Lucia: No me jodas Marcos. Si tenés tantas ganas de que muera, vení y asesínala vos entonces

Marcos: Pero teníamos un trato…

Lucia: Ahora el trato es otro y no pienso salvarla. Yo me voy a encargar de que viva muchos años más… Solo los muertos ya no sufren.

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