EL MURAL DE UN POETA MUERTO

Estocolmo

Mariposas militares coordinan maniobras
de un terrible y demoledor combate.
La razón de no vencer la oscuridad,
el miedo de no volver a vestir muñecas.

Odio a punto de parir amores dispares,
encierros que aturden la muecas
de un penoso llanto ausente.

Como pocos placeres, la intuición.
Enloquecer sanando heridas en silencio,
cordura simulante sin camino.

El siniestro aroma que le sobra a la humedad,
caricias que abren tajos profundos en la piel.

Sumergidos en el mismo insomnio,
transformando manchas en la pared
para enloquecer sanamente.

El abrazo digno no duele,
el amor propio es extraño.
El abismo del todo abstracto,
el sueño de saltar edificios,
la insistencia de morir de nuevo.

A el azar le falta certeza.
Desde un costado siniestro,
se enlazan dos mitades.
El cuerpo, el solitario cuerpo.
El alma, muerta hace tiempo.

No marees mas el sentido,
soledad en compañía del miedo.
Mariposas militares van por mas.

No resuelvan nunca el misterio,
la maldición nos bendijo.

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2 comentarios sobre “Estocolmo

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