HISTORIAS CORTAS

No me olvides abuelo…

 

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Matías está molesto con el despertador, que de un manotazo, paso de la mesita de luz a estar por todo el piso de su habitación. Se dio media vuelta para seguir durmiendo pero los gritos desesperados de su madre, lo hicieron levantarse de un solo movimiento, cuando ella abrió las puerta. Mientras se resistía a vestirse, casi tanto como a abrir los ojos, hacia renegar a su madre con preguntas incomodas, fiel a sus cinco años.

Mama, ¿Cómo venimos al mundo?- Indaga curioso

-En una nave Matías- Fue lo primero que le salio

-¿Y quien la maneja?-

-¿Qué cosa?- Estaba concentrada en ponerle la remara y no en la charla absurda que se estaba planteando.

-La nave ¿Quién la maneja?- Recordándole de que hablaban

-Las madres la manejamos… ¿Te podes sentar derecho por favor?- Lo acomoda para poder ponerle las zapatillas.

-Mama… Me repetís ¿Por qué tenemos que ir a ver a el abuelo?- Investiga, tal vez podía refutar los motivos y quedarse en casa.

-Para que se ponga contento-

-Pero si no se acuerda de nada- Dijo Matias un poco molesto

-Lo que pasa hijo, es que cuando uno vive muchos pero muchos años, tiene tantos recuerdos y tantas personas en la cabeza que no se puede acordar de todas-

-Ah… ya entiendo. Vos también viviste muchos años, ¿por eso no te acordas quien es mi papa?-

– ¿No te cansas de hacer tantas preguntas vos?- Dijo su madre intentando parar el interrogatorio, que entraba en una zona borrascosa.

-Es que a mi me pone triste que el abuelo no se acuerde de mi-

Matías agacha la cabeza un poco triste. Tenía hermosos momento en su memoria y que su abuelo no los recordara lo ponía mal. Se queda un rato en silencio y de tanto pensar, preocupado vuelve a insistir.

-Mama, ¿Vos te vas a olvidar de mí como el abuelo?-

-Yo jamás me voy a olvidar de vos ¿Sabes? Y el abuelo te quiere mucho, solo que ahora esta enfermo ¿Entendes?-

-Entonces no vayamos, tengo miedo que nos contagie- Dijo sabiamente el niño

La madre, sin decir nada mas, termino de vestir a Matías y fueron a la parada a esperar el colectivo. A el le gusta observar a la gente caminar por la calle, se distraía mirando los pájaros o acariciando a cualquier perro sin importar la rabia de su madre. Todo le causaba una gran curiosidad, como esos dos jóvenes besándose en la vereda de enfrente.

-Mama, ¿Qué hacen esos chicos?

-Se quieren, Matí-

-¿Se quieren comer?-

-Es como en las películas o en las novelas que ve mama- Uso una explicación en modo básico

-Ah si, como  Anita, ella también se quiere comer al novio, el otro día yo le salve la vida, porque cuando me vio lo soltó- Dijo inocentemente

-¿Querés que le compremos flores a la abuela?- Dijo para cambiar de tema, mientras pensaba que debía hablar con Anita más tarde, para que eso no se repita.

-¿Y para que?-

-Para que se ponga feliz…-

 Después de muchas vueltas que dio el colectivo, llegaron al asilo. Tuvieron que caminar por varios pasillos antes de llegar a la habitación. Al llegar, una enferma les dijo que salio al patio a tomar aire y fueron a su encuentro. Una vez ahi, a Matías le costo trabajo reconocerlo, había pasado un año desde la ultima vez que lo vio.

-¿Quién es este nene?- Dijo el abuelo

-Soy tu nieto, abuelo-

-Hola papi, vinimos a visitarte con Matías- Le dijo a su madre

– ¿Y esas flores?-

-Son para que te pongas feliz- Se las ofreció Matías

-Que lindas son- Dijo con los ojos llorosos

-No se puso contenta mama, se puso más triste– Le dijo Matías a su madre

-¿Quién es este nene?-Dijo de nuevamente

-Es tu nieto, Matías, esta mucho mas grande que la última vez ¿viste?-

-Te dije que no se iba a acordar mama- Le recrimino Matías, al ver que su abuelo fácilmente se distrajo con los árboles que movió el viento.

-Ya te dije hijo, el abuelo esta enfermo. Pero aunque sea por unos segundos, te aseguro que de algo se acuerda y por eso vinimos, para verlo feliz un ratito-

Matías se queda pensando lo que dijo su madre, mientras ella se aleja unos pasos para poder hablar con el medico. Entonces, de repente, Mati levanta la cabeza y ve que su abuelo le sonríe.

 – ¿Estas contento abuelo? Que suerte, al menos no te olvidaste de cómo sonreír. Mama dice que nunca hay que olvidarse de sonreír- Hace una pausa relajado y tomando aire – ¿Querés que te cuente un secreto ahora que estamos solos? Yo todas las noches antes de irme a dormir pienso en vos y en mama. Me repito sus nombres mas de 20 veces, trato de imaginarme sus caritas tristes, sus caritas sonriendo, sus caritas de sorpresa y hasta sus caras enojadas. ¿Sabes por que abuelo? Porque se que un día yo también voy a ponerme viejito como vos, pero sé que si hago un esfuerzo jamás los voy a olvidar.

 

 

 

 

 

 

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